jueves, 2 de noviembre de 2017

Puentes construidos desde la femineidad


tomado del bolg VerdeAzulados



Iraida Hernández Valdés es de esas mujeres demasiado serias, a quien es difícil sacarle una sonrisa, de manera que puede imaginar el lector cuán difícil resultó invitarla a conversar sobre su vida. Media entre nosotras una grabadora y los flashes de la cámara la hacen sentir al descubierto. Está llorosa, sus compañeros de trabajo acaban de reconocerla como una trabajadora excepcional. Será porque su vida laboral, más de 35 años a pie de obra, con un casco de protección y rodeada de hombres, le han endurecido y su oficio de indicar y mandar a ejecutar en una construcción, la han encasillado en esa imagen de mujer de carácter, como decimos en buen cubano rellollo.

Recién graduada de ingeniera hidráulica, allá en 1982 y natural de La Habana, llegó a la provincia de Villa Clara (VCL), con mil sueños por realizar y con el propósito de participar en la construcción de obras hidráulicas en la región central: “Mi ubicación laboral fue en la empresa de Obras de Ingeniaría No. 9. Aunque pertenecía a VCL el trabajo estaba relacionado con Cienfuegos, porque las fronteras geográficas no lo son cuando una obra nace en un territorio y termina en otro, de modo que siempre hubo una conexión con Cienfuegos, participaba de todas las obras hidráulicas en la provincia. Hasta que un día, el amor me atrajo hasta acá y me quedé definitivamente.
“Mi esposo falleció, tengo una hija, es ingeniera en Informática, no quiso secundarme en la profesión, será porque siempre me ha visto salir al amanecer y llegar en la noche, cansada, y con las ropas cementadas. Ella prefirió la pulcritud de las salas de cómputo, son los nuevos tiempos. Cuando yo estudiaba construir era un oficio en el que las mujeres se estrenaban, se trataba de desafiar prejuicios. También tengo dos nietos, ya el mayor va en septiembre para la Universidad. Mi padre aún vive, ellos son ese remanso que es la familia, adonde regreso siempre después de una dura faena”.
Iraida, el estar a pie de obra, trabajando en una brigada de hombres, en un sector que puede ser considerado aún de machista, ¿ha resultado difícil en tus relaciones laborales y personales?
“Bueno, siempre he dicho que el respeto es fundamental en las relaciones humanas. Cuando tus compañeros te aprecian y hasta llegan a quererte, sobre esa base, todo funciona. Que nunca medie una mala palabra, ni una ofensa; primero hay que indagar sobre la vida del trabajador, cómo viene a la obra, si dejó atrás problemas personales y familiares, un enfermo, la casa en mal estado, entre otras muchísimas situaciones, porque cuando eso pasa, ese trabajador lleva un tratamiento especial, humano, para lograr aliviarlo y que rinda. Yo creo y siento que he logrado transitar, tras 35 años, con esa máxima”.
¿Cómo es un día típico de una ejecutora de la construcción, jefa y ama de casa?
“La primera en llegar después de un rápido cafecito en casa y la última en dejar el trabajo, porque este es muy importante para mí. Deslindando siempre la atención a la familia, porque como cualquier mortal puedo tener una problemática familiar. Organizar el trabajo del día, y la última en retornar, después de mi gente. No siempre estoy en la ciudad, me muevo por toda la geografía provincial y más allá, lo que hace más extensas las jornadas. Yo creo que no hay una obra hidráulica en Cienfuegos en los últimos 30 años en la que no haya participado. Viales, puentes, carreteras, facilidades para nuevos asentamientos, y muchísimas otras, donde he dejado mi huella, sudor y esfuerzo y eso me place”.
¿Consideras que resulta más difícil “mandar” o dar instrucciones técnicas a los hombres que a las mujeres? Pregunto y hasta me asombro de mi interrogante, que puede parecer machista, pero que funciona en este contexto por el sector en el que se desempeña mi entrevistada.
“Sí, sin lugar a dudas resulta más difícil. Pero es preciso entenderlos, desde sus complejidades de género y del papel que desempeñan en la familia, en las que muchas veces son el único sustento económico y cargan con ello sobre los hombres, desde sus preocupaciones. Es preciso quererlos y amar el oficio, pero no es imposible. Se despide Iraida y regresa a su labor cotidiana, y siento que no pregunté cuándo llegará el retiro. Pero la observo caminar con el casco bajo el brazo, de vuelta a la obra y se me antoja pensar que quedan muchos puentes por construir para ella.

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